Una oportunidad para construir la alternativa

Durante estos días de campaña, algunos compañeros y compañeras nos preguntábamos qué podía pasar, qué resultado se iba a producir el 25 de noviembre. Yo casi siempre mantuve, hasta ayer mismo a las 20h, que era difícil hacer un pronóstico cierto, dada la complejidad de unas elecciones en las que, a los elementos de debate clásico, se le sumaba el protagonismo del debate sobre la independencia (o no) de Catalunya, así como el cabreo ciudadano por la crisis económica y los recortes, con las opciones que de alguna manera, por acción presente o pasada, identifican como responsables de esa crisis y esos recortes.

Unas elecciones con una gran polarización, buscada deliberadamente por Mas, entre la opción secesionista, que él pretendía aglutinar aunque fuera bajo el eufemismo de la propuesta del “estado propio”, y la opción inmovilista y centralista que han representado en estas elecciones tanto el Partido Popular, como Ciutadans. En el ánimo de Mas estaba, además de intentar conseguir una “mayoría excepcional” (absoluta), el dar la puntilla definitiva al PSC, que ha ido a estas elecciones con un liderazgo aún por consolidar, con una situación interna difícil, pero levantando decididamente la bandera del Federalismo (una idea, aventuro, que será la auténtica solución al conflicto político en el que nos encontramos inmersos) y también la del NO a los recortes en políticas sociales.

Y los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya han hablado, alto y claro. Y lo han hecho más ciudadanos y ciudadanas que nunca antes en unas elecciones autonómicas, consiguiendo un récord histórico de participación que a muchos nos alegra porque, pese a que hay muchas cosas que cambiar en el sistema político actual, muchas reformas que hacer para responder mejor a la realidad y a las demandas ciudadanas, la gente todavía confía en la política democrática como la mejor herramienta de transformación social. Y no es algo menor, porque existen importantes sectores del poder económico, político y mediático de la extrema derecha, en toda España, empecinados en que los ciudadanos se asqueen de la política, no voten (o voten opciones populistas y antidemocráticas) y acaben concluyendo que la democracia es muy cara, que no nos la podemos permitir, y que más valdría un sistema que suponga una involución respecto a todos los derechos conquistados en los últimos 34 años. Por eso, la alta participación, más allá del resltado, es por sí sola una buena noticia.


¿Qué ha pasado pues en estas elecciones?
Primero, que todas las encuestas se han equivocado.Pero eso suele ser lo normal, no es nada nuevoasí que vayamos a otra cosa.Artur Mas, como decía, convocó estas elecciones porque pretendía conquistar una mayoría absoluta en el Parlament de Catalunya que le permitiese seguir con sus políticas de recortes del Estado del Bienestar e iniciar el camino hacia la constitución de un “estado propio”, o lo que es lo mismo, la independencia de Catalunya. Lo hizo sólo 2 años después de ser elegido President de la Generalitat, con un gran apoyo popular, importándole muy poco el momento económico y social especialmente grave que está viviendo Catalunya (como el resto de Europa), paralizando el país durante dos meses, sin importarle las consecuencias que eso ha tenido para la vida de los ciudadanos y las ciudadanas. Le movió única y exclusivamente el interés partidista y personal.

Y los ciudadanos parece que han tomado nota… Mas, después de ver el impacto de la manifestación del 11-S, pretendió erigirse en el mesías que debía conducir a esa masa ingente de ciudadanos y ciudadanas. Creyó que podía capitalizar ese sentimiento, en el que había una mezcla de distintos sentimientos al mismo tiempo, y traducirlo en votos y en escaños. Pero se equivocó. Y fruto del error, la convocatoria de estas elecciones ha supuesto un fracaso mayúsculo, personal, para él. Hoy tiene más difícil que ayer, garantizar la gobernabilidad de Catalunya. Y eso, en la situación en la que estamos, es muy grave. Y hoy, pese a que hay muchas sumas posibles en el flanco independentista, parece más difícil que ayer, concretar una hoja de ruta clara en el supuesto camino hacia la independencia de Catalunya.

¿Qué priorizará Mas? ¿La independencia? ¿La salida de la crisis? ¿Más recortes o recuperación de las políticas sociales? Es una incógnita, pero lo que está claro es que hoy lo tiene más difícil que ayer, que ha dilapidado el capital de apoyo popular que tenía fruto de las elecciones de 2012 y que  ha fracasado por su incapacidad, demostrada durante estos meses, para gobernar, por su irresponsabilidad y por su arrogancia, a la hora de convocar, de forma innecesaria, estas elecciones.

Es cierto que el PSC no ha sido quien ha capitalizado el fracaso electoral de Mas. Han sido otras opciones (ERC, ICV y las CUP, en el lado de los que trabajan por la independencia de Catalunya, y PP y Ciutadans en el flanco centralista e inmovilista) las que lo han hecho. Nosotros hemos perdido 8 diputados y unos 50.000 votos, pese a que en estas elecciones, como decíamos ha participado bastante más gente que en las últimas. Por tanto, los socialistas no podemos estar satisfechos. De ninguna de las maneras. Y debemos hacer una reflexión crítica sobre lo que nos ha pasado. Y analizar, también, el contexto en el que hemos tenido que hacer política en estos dos años. Yo apuntaría algunos elementos sobre los que reflexionar.

Primero. Que los ciudadanos y ciudadanas castigan la indefinición política. O lo que es lo mismo: que los ciudadanos y las ciudadanas quieren tener claro qué modelo defiendes, cuál es tu propuesta. Y más si lo que nos jugamos es algo tan importante como la independencia o el encaje de Catalunya en España. El PSC ha estado muchos meses sin definir claramente cuál es nuestro modelo en el debate independencia sí, independencia no. La postura oficial nunca se ha movido, pero entre todos (unos más que otros, eso sí), hemos dado la sensación de lío, de no tenerlo claro. Y la gente, castiga el lío.

No hemos sido capaces de definir de forma clara, hasta muy entrada la campaña, cuál es nuestra propuesta. Y hemos tenido dificultades objetivas, endógenas y exógenas, para que nuestra propuesta se escuche y se entienda. Por tanto, debemos hacer un esfuerzo de agilidad, explicación y simplificación de nuestras ideas. Para que la gente que espera que el PSC juegue un papel determinante en la política catalana, como partido vertebrador de la sociedad, a favor de la convivencia plural de los distintos pueblos de España, haciendo avanzar Catalunya, pero sin romper con España, tenga motivos para darnos su confianza y depositar su voto a nuestro favor.

Por tanto, claridad y simplificación en nuestra propuesta de modelo territorial. Y constancia, también. No vaya a ser que, como no hemos obtenido un buen resultado, a alguno le flojeen las piernas y ahora pongamos en crisis nuestra apuesta por el Federalismo. Debemos insistir, básicamente, porque es la única alternativa real, sensata y viable, al choque de trenes que suponen las opciones extremistas que abanderan otros. Sería un gran error echar marcha atrás ahora… y me alegra que la segunda propuesta que ha puesto encima de la mesa hoy Pere Navarro sea, precisamente, la de presentar una propuesta al Parlament, para que sea debatida posteriormente en el Congreso, de reforma de la Constitución, en la línea de desarrollar la España federal.

Segundo. Que los ciudadanos no nos han identificado como una oposición útil y contundente a las políticas de recortes de Mas (y Rajoy). Nuestra labor de oposición durante estos dos años, en el Parlament, es más que discutible. No ha sido clara y contundente. No ha contentado a nadie. Ni a los ciudadanos críticos con la destructiva acción de gobierno de Mas, ni a los que nos reclamaban “responsabilidad” en la acción de oposición, en el duro momento de crisis que vive el país. Hemos hecho una oposición que se podría definir con la expresión popular de “ni chicha, ni limoná”. Un poco acomplejada por la cercanía de nuestra etapa de gobierno y sin capacidad para desmontar el argumentario, falaz, de “todo esto lo hacemos por la herencia recibida”. Nos ha faltado contundencia. Y ha faltado que la gente nos identificara, realmente, como el primer partido de la oposición. De hecho, los medios de comunicación llevan tiempo tratándonos como si no lo fuéramos… Militantes y ciudadanos nos han repetido a todos, esa sensación, en repetidas ocasiones. Por tanto, contundencia, claridad (una vez más), unidad y fuera complejos en la defensa de nuestro modelo social y económico.

Tercero. Que del partido socialista tiene que cambiar, tiene que evolucionar, en la línea de las resoluciones y documentos que aprobamos en el último Congreso, pero también en la línea de dar respuesta a una ciudadanía que quiere ser parte activa en la toma de decisiones, que ya no quiere ser un simple espectador, sino que quiere ser protagonista. La forma clásica de hacer política ya no sirve. La forma clásica de comunicarnos con la sociedad tampoco. Debemos cambiar la acción y la reacción ante la respuesta de los ciudadanos a nuestras propuestas, por la interacción en la definición de las mismas. Y eso ha de ser así tanto cuando se trata de decidir quién encabeza o forma parte de una candidatura electoral, como cuando se trata de decidir nuestro programa, nuestras propuestas y nuestra acción de gobierno.

Debemos ser un partido más permeable a la sociedad a la que queremos representar, más ágil y más flexible. Y eso no quiere decir que debamos renunciar a nuestros valores tradicionales. Más bien creo que debemos reafirmarlos, volver a ponerlos en el frontispicio de nuestra acción política, pero hacerlo de forma abierta, intentando dar respuesta a las nuevas demandas y realidades sociales, contando de forma real con los ciudadanos y con las circunstancias que estamos viviendo como sociedad. Por eso, en el futuro inmediato del PSC, las elecciones primarias abiertas a la ciudadanía, serán ya inexcusables. Y así debe ser, como decidimos en diciembre de 2011.

Creo, sinceramente, que si trabajamos esos tres elementos, reflexionando profundamente sobre ello, haciendo autocrítica, tomando decisiones y siendo consecuentes con las mismas, y damos la oportunidad a Pere Navarro para que conduzca esta etapa, el PSC puede llegar a los próximos comicios en condiciones de ser la auténtica alternativa a la independencia, al inmovilismo centralista y a los recortes del Estado del Bienestar. Y por tanto, en condiciones de ser la opción mayoritaria de los ciudadanos y ciudadanas de Catalunya.

Pere Navarro ha tenido la responsabilidad de encabezar una etapa muy difícil para el PSC. Creo que ha cometido errores, sí. Quizás el más importante fue no calibrar bien los tiempos (aunque reconozco que los análisis, a toro pasado, son muy fáciles de realizar, lo difícil es anticiparse). Pero creo que, con el paso de los meses, ha crecido políticamente y ha llegado, al final de esta contienda electoral, pese al resultado, en mejores condiciones para poder empezar a confeccionar de forma seria esa alternativa sensata que proclamaba nuestro lema electoral. Creo que es un político valiente, capaz, que ha expresado alto y claro cuál es nuestro modelo territorial y social, pese a las dificultades, y que si persiste y busca los mecanismos para interactuar realmente con la sociedad, logrará junto con todos nosotros y nosotras, el objetivo de ser la alternativa a CiU.

L’HOSPITALET – El PSC sigue siendo la primera fuerza política.

Si hablamos de L’Hospitalet, los socialistas debemos felicitarnos por haber revalidado la primera posición en estas elecciones. Algunas voces lo ponían en duda, por el estrecho margen que conseguimos en las elecciones de 2010. La realidad es que el PSC de L’Hospitalet ha sido, ininterrumpidamente, la primera fuerza política en todas las elecciones celebradas en nuestra ciudad desde la recuperación de la democracia…

Por tanto satisfacción, sí, pero nada de autocomplacencia y conformismo. Nosotros también debemos reflexionar sobre la letra pequeña de estas elecciones a nivel local y sobre las características propias de nuestro resultado electoral, sin olvidar el contexto general en el que se han desarrollado. No eran estas unas elecciones normales, ya lo he dicho.

Para lo bueno y para lo malo, es difícil hacer una traslación directa del resultado en L’Hospitalet de estas elecciones, a unas futuras elecciones municipales. La historia demuestra que es un error hacerlo, porque son elecciones que se deciden en claves diferentes (y estas, han sido especialmente específicas). Pero sí que podemos y debemos hacer dos cosas:

Primero, felicitar a todas las personas que han trabajado en esta campaña y que nos han ayudado a hacer llegar, a pie de calle, nuestras propuestas a los ciudadanos. L’Hospitalet apostó claramente por definir bien nuestra propuesta, nuestro NO A LA INDEPENDENCIA. Y los ciudadanos y ciudadanas lo han entendido. Y apostamos, también, por hacer una campaña austera, pero muy centrada en el contacto directo con los ciudadanos, cada día. Ambas cosas, han dado sus frutos, reconocidos en esta victoria.  

Y segundo, analizar las tendencias, los comportamientos electorales en algunas zonas de la ciudad, que pueden ser coincidentes con los que se han producido en elecciones recientes, los resultados concretos de algunas formaciones… y sacar las conclusiones oportunas. Todo eso debemos analizarlo.

¿Para qué? Pues para identificar mejor cuáles son las políticas y los mensajes que debemos reforzar en la ciudad, para que el PSC de L’Hospitalet siga siendo la fuerza hegemónica en futuras elecciones y para que los ciudadanos sigan identificando nuestro proyecto, el que encabeza nuestra alcaldesa Núria Marín, como lo que es: el único viable y posible para garantizar el progreso y la mejora de la calidad de vida de los ciudadanos y ciudadanas de L’Hospitalet.

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