Parece que fue ayer…
Sí, parece que fue ayer cuando el tema del empadronamiento o no de inmigrantes en situación irregular, ocupaba todas las portadas de periódicos, titulares de telediarios e información digital, incluso con duros debates en las redes sociales más populares. El caso es que no fue ayer, pero sí que fue la hace 15 días. Hace tan sólo 15 días y hoy ya nadie habla. Parece que el empadronamiento de esos ciudadanos en concreto ya no resulta un problema para nadie, ni siquiera para aquellos que encendieron la polémica proponiendo unas medidas que la Abogacía del Estado se encargó de demostrar contrarias a la ley.
Yo siempre defendí, en conversaciones con algunos amigos, que la solución a esta cuestión no vendría ni del titular mediático, ni del encarnizamiento contra aquellos que proponían el no empadronamiento de inmigrantes en situación administrativa irregular. Nada ganábamos como sociedad construyendo dos bandos, el de los buenos y el de los malos. Al mismo tiempo que decía y digo, que todas las personas, por el simple hecho de serlo, tienen el derecho a una vida digna, que se garantiza a través de servicios básicos como son la educación, la salud o los servicios sociales. Y que para eso, para preverlo, para saber a qué debemos hacer frente, el padrón es la herramienta más efectiva.
Se trataba de, teniendo claros estos principios, utilizar los mecanismos legales de los que disponemos, hacerlos valer y obligar a su cumplimiento. Nadie está por encima de la ley y nadie puede decidir saltársela a la torera. Sólo en base a ese principio, el tema del empadronamiento se podía solucionar. Así lo entendió finalmente el Ayuntamiento que, después de las directrices dadas desde el Govern de la Generalitat, recordando esa obligación y los criterios que se deben seguir, así como el informe de la Abogacía del Estado, reculó y se avino a seguir cumpliendo la ley.
Era tan simple como decir eso: nadie está por encima de la ley y vamos a hacer que en todos los ayuntamientos se cumpla la ley. Vic, Torrejón y los que sea, incluidos. Pero no… aquí como siempre asistimos a una catarata de declaraciones, contradeclaraciones, debates en los medios de comunicación, noticias más o menos rigurosas, insultos, acusaciones, ocurrencias como las de Rajoy o falacias como las expresadas por algún ilustre diputado del Parlament de Catalunya, que en un intento de distraer la atención, intentó trasladar el problema generado por un compañero de su partido, a la ciudad de L’Hospitalet. Todavía es hora que los ciudadanos de L’Hospitalet recibamos una disculpa por ello. Pero claro, para eso hay que tener capacidad de autocrítica y un poquito de humildad.
Por cierto, abro un paréntesis, hablando de Rajoy… más allá de esa ocurrencia, hay que ver como éste debate ha servido para volver a acentuar el lado más oscuro del PP. No contentos con lanzarse a jalear la actitud de los alcaldes que pretendían incumplir la ley (aunque después tuvo que hacer recular al de Torrejón ante la evidencia que la norma que obliga al empadronamiento la propuso el propio Rajoy), esto les ha servido para iniciar una campaña de crispación y radicalización, proponiendo cambios para endurecer el empadronamiento, tonterías como la de dar servicios sin saber a quien ni dónde, o iniciar debates como el de la cadena perpetua, así como el endurecimiento de las penas a menores. Peligroso camino el iniciado por el PP del insípido, inoloro e insaboro Rajoy.
En todo caso, yo me pregunto: ¿y todo eso para qué? ¿Ha cambiado algo después de esos frenéticos 15 días en cuanto a la obligación legal de los ayuntamientos de empadronar a cualquier ciudadano que demuestre vivir en el municipio, sea cual sea su situación administrativa? ¿Ha mejorado la convivencia? ¿Ha mejorado la predisposición de los ciudadanos a la convivencia y la integración de los inmigrantes, por ejemplo? ¿Son más populares, ahora, las posturas integradoras? ¿O por el contrario hemos dado entre todos más vuelo a las posturas xenófobas? ¿Hemos ganado algo como sociedad? La respuesta es no. Y lo que es más grave: 10 días después, ya nadie se acuerda ni habla de ello.
Lo he comentado en otras ocasiones, pero creo que deberíamos reflexionar, como sociedad, sobre la facilidad con la que generamos problemas, nos revolcamos y regocijamos en ellos, nos ponemos al borde de situaciones de cierto peligro (como puede ser el dar alas a aquellos que mantienen posiciones xenófobas en esta materia, por ejemplo) y luego, “aquí paz y después gloria”, como se suele decir. Como si nada hubiera pasado. Utilizando un símil cardiovascular, sometemos a nuestro corazón (la convivencia) a un ritmo propio de la taquicardia, a punto de la fibrilación. Y lo hacemos de forma repetida, muchas veces y sin ningún sentido ni objetivo final. Sólo espero que éste vicio no acabe provocando una insuficiencia cardíaca que nos obligue a realizar alguna intervención quirúrgica para evitar el colapso (ruptura de la convivencia).
En otro orden de cosas, pero también sobre inmigración, hace unos días EL PERIÓDICO DE CATALUNYA publicaba un artículo del Catedrático de Economía de la Universitat Autònoma de Barcelona, Josep Oliver, que considero muy interesante, ahora que parece que, para mucha gente, los inmigrantes se han convertido en algo molesto, obviando los beneficios que nos han reportado como sociedad en los últimos años. Oliver hace un análisis realista que creo es muy pertinente.
Link artículo Papeles, padrón e inmigración.







Buén artículo sobre el tema! Sin duda és una polémica que conviene ser abordada con serenidad y no con electoralismo populista!
Gracias! Ese era el objetivo! Salut!