Antes de empezar con éste post sobre la brillante victoria de Barack Obama en las elecciones americanas, debo empezar diciendo que yo siempre fui más partidario de Hillary. Es cierto. Sería hipócrita no decirlo:
Yo era de aquellos que se debatía entre sí era más revolucionario que América eligiera a una mujer presidenta o a un ciudadano de raza negra. Quizás sea más o menos lo mismo. Tan revolucionario lo uno, como lo otro.
Yo era de aquellos que admiraba –y admira- los postulados de Hillary en materia de sanidad y políticas sociales, muy avanzados para la realidad norteamericana.
Pero dicho esto, o precisamente por esto, hoy me veo muy reconocido en la victoria de Obama. Y por eso me he implicado, desde su nominación como candidato, humildemente, en su campaña. Creo que hoy, la victoria de Obama, encarna y representa todos estos elementos de cambio, revolución e igualdad. Obama ha sido capaz, durante su campaña, con sus ideas y propuestas, de identificar las principales demandas de la gran mayoría de ciudadanos norteamericanos. Lo ha dicho él mismo en una parte de su discurso de proclamación de la victoria:
“Es la respuesta dada por los jóvenes y los mayores, ricos y pobres, Demócratas y Republicanos, negros, blancos, latinos, asiáticos, nativos americanos, gays, creyentes, minusválidos o no – los americanos que enviaron un mensaje al mundo de que nunca hemos sido un montón de estados rojos y estados azules: somos, y seremos siempre, los Estados Unidos de América.”
Estoy conento. Creo que ha sido una gran victoria, no sólo para los americanos, sino para todo el mundo. Y además, pienso que ha llegado en el mejor momento posible. Puede parecer paradójico. El fundador de los Jesuitas, Ignacio de Loyola -como recordaba José Antonio Martín Pallín en un artículo en EL PAÍS- recomendaba a los nuevos miembros de la compañía, no hacer mudanzas en tiempos de tribulación. Pues bien… yo creo que, precisamente porque nos encontramos en tiempo de tribulación, de crisis y de incertidumbre o, dicho de otra forma, de constatación del fracaso del modelo de desarrollo económico a escala internacional, es más necesaria que nunca la mudanza. Es más necesario que nunca el cambio que proclama Obama.
Estoy seguro de que no será un cambio radical -que nadie espere un giro hacia el comunismo, como alertaban algunos agoreros o algunas “Sarahs Palin”, por otro lado imposible en E.E.U.U. y, seguramente, tampoco deseable.
Se trata, simplemente, de deshacer algunos de los entuertos en los que nos metió Bush, a todo el mundo.
Se trata de reformar las instituciones internacionales para que trabajen por un desarrollo más justo.
Se trata de cambiar lo que se ha demostrado que no funciona, que es la desregulación, la barra libre para el mercado, para la especulación y la “cero” responsabilidad social de las grandes corporaciones financieras que operan en el mundo.
Se trata de volver al multilateralismo en la toma de decisiones que nos afectan a todos.
Se trata de avanzar en la construcción de un mundo más humano.
Y en ese proceso, en ese programa de futuro, el papel de los E.E.U.U. como gran potencia mundial, es imprescindible. Yo estoy seguro de que Obama será capaz de liderar ese cambio con esas coordenadas.
El mundo necesita liderazgos fuertes, sí. Pero no indiscutibles ni impuestos por la fuerza del dinero o del poder militar. El mundo necesita liderazgos basados en ideas, valores y proyectos comunes, que aúnen voluntades. Basados en la convicción y no en la imposición. Eso es precisamente lo que los hará más fuertes. Lo decía también Obama en su discurso de la victoria:
“A los que echarían a este mundo abajo, les derrotaremos. A los que busquen la paz y la seguridad, les apoyaremos. Y a todos los que se han preguntado si el faro de América todavía luce con brillo – probaremos esta noche una vez más, que la verdadera fuerza de nuestra nación viene, no de la fuerza bruta o de nuestra poder económico, si no de la energía que aguanta a nuestros ideales: democracia, libertad, oportunidad, y esperanza.”
Empieza, pues, una nueva era, llena de ilusión y esperanza. Con grandes expectativas de cambio y de progreso. Expectativas que están en manos de Obama, sí, pero que están, también, en manos de todos los que pensamos que otro mundo mejor, más justo e igual, es posible. El cambio ha llegado a América. No nos engañemos: si E.E.U.U. cambia su rumbo errático y alocado de esta última década, será más fácil trabajar por ese reto que antes nombraba. Es responsabilidad de todos aprovechar esta oportunidad.
Discurso de Barack Obama, poco después de conocerse su victoria
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Hilary fué una magnifica candidata! De hecho a Obama le costó infinitamente más ganar las primarias que las elecciones presidenciales!
Espero que cuente con ella en su gabinete!