El pasado viernes, tuve la oportunidad de asistir, en el Gran Teatro del Liceo, a la representación de “Don Giovanni”, la famosa ópera de Wolfgang Amadeus Mozart, que se estrenó en 1787, en Praga. Lo novedoso, en este caso, es que la dirección escénica corría a cargo del, tan creativo como polémico, Calixto Bieito.
La verdad es que el tipo de ópera, cuya propia partitura la describe como drama gioccoso, dentro de la línea de la ópera buffa (referencia del libreto del Liceo), da mucho juego. Se trata de un argumento con gran carga dramática, trágica, presto a la satirización. Lo que hace Bieito, que por cierto a mi me gustó mucho, es adaptar una obra del siglo XVIII, escrita en base a los parámetros sociales de esa éopoca, a nuestros días. No cambia nada de la partitura original, pero la escenificación de los diferentes pasajes de la historia, resulta muy original. El libreto del Liceo lo describe como un “Don Giovanni dentro de un mundo de depravación y marginación”. Y es así, yo no lo describiría mejor. Bieito logra, con un montaje escénico con elementos actuales (barra de bar, mesa de billar, coche, sofá, grandes farolas, ropa…) y con un comportamiento dígamos “políticamente incorrecto” de los personajes, una catársis colectiva en la que Don Giovanni pasa por ser un ligón, embaucador de mujeres y asesino, que no repara en nada para conseguir sus objetivos amorosos, que finalmente recibe su merecido a manos de las mujeres ultrajadas, familias e incluso su “fiel” sirviente Leporello. Se trata, pués, de la representación de una tragedia cotidiana, nocturna y urbana, con un papel protagonista de la música que imprime gravedad a la escena, en contraposición al carácter cómico de muchos de los pasajes.
Destacar las constantes muestras de sexo explícito entre los personajes, que al mismo tiempo que interpretan escenas donde declaran su amor practican distintas artes amatorias, por decirlo de una forma suave. La sensación de depravación se aumenta con la acumulación de suciedad en el escenario durante toda la obra. Parece una función especial de cada uno de los personajes: todos y cada uno de ellos ponen su granito de arena a la suciedad, que se va acumulando, sin que se aproveche el entreacto para cambiar el aspecto del escenario. Todo suma a la hora de transmitir esa idea principal de un Don Giovanni depravado.
Repito: a mi me gustó. Me pareció una apuesta arriesgada, innovadora, rompedora y radical. Que lleva al extremo, con comportamientos y elementos comprensibles hoy en día, el comportamiento de un personaje de dudosa honradez y decencia como es Don Giovanni. Es una forma de decirnos que esa historia se podría repetir hoy. En otra época, en otro lugar y con otros referentes, pero con un hilo argumental totalmente vigente. Y lo hace, como le corresponde al personaje: de forma extrema, quebrantando los límites habituales y rompiendo moldes. ¿O a caso la representación de un gigoló, embaucador de mujeres y asesino, no lo merece?
La verdad es que la reacción del público fue dispar, aunque si que hay que destacar que no hubieron silbidos ni abuchéos, como en montajes anteriores del mismo director. Supongo que el público habitual del Liceo se va adaptando a la forma de trabajar de Bieito. En general, la mayoría de signos eran de aprobación, como así lo demuestra el largo aplauso que recibieron los intérpretes al acabar la ópera, intérpretes, dicho sea de paso, con una muy buena ejecución. Especialmente bien estuvieron Doña Anna, Leporello y Don Giovanni, aunque el resto del elenco no se quedó atrás. Hubo gente que no aplaudió, que incluso durante la representación no pararon de mover la cabeza como muestra de su desaprobación, pero fueron los menos. Este “Don Giovanni 2.0”, pasó el examen con nota, en mi opinión. Para mi, totalmente recomendable. Todavía quedano un par de representaciones, creo. Si podéis ir, no lo dudéis. No se si os gustará tanto como a mi, pero seguro que no os dejará indiferentes.
PD: Por cierto que, además de ir al Liceo, éste sábado he asistido también al primer partido de la pretemporada 2008-2009 del C.E. L’Hospitalet, un amistoso contra el Terrassa F.C. El equipo, al que todavía le queda algún retoque que hacer, está a punto para empezar la competición el 31 de agosto, con el gran objetivo de recuperar la categoría perdida el año pasado: volver a la Segunda División B del fútbol español. No será fácil, pero si hemos de hacer caso de las primeras sensaciones que tuvimos ayer lo que asistimos al partido, tenemos serias posibilidades de conseguirlo. Acabmos 2 a 2, con un equipo histórica del a 2ªB, fuerte y correoso como el Terrassa, en nuestro primer partido. ¡Tampoco se puede pedir más! Y, como decía, las sensaciones generales fueron muy positivas. Esperemos que la realidad de la competición no defraude la ilusión que todos hemos puesto en este nuevo equipo. ¡Que la fuerza (y la suerte) nos acompañen!
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